Evo y la paradoja de su intolerancia

Libres en Movimiento

20. Juli 2021

Karl Popper reconocía el peligro y la posibilidad de que los verdaderamente intolerantes se autodenominen tolerantes, con el fin de silenciar a sus rivales y sus ideas

“No comparto cuando algunos dicen que haya reconciliación. No va a haber reconciliación con fascistas, racistas, salvo que entendieran que nuestra ideología y nuestro programa está bien para Bolivia”

-Evo Morales. (sonando como un auténtico fascista)

La llamada Paradoja de la Tolerancia (descrita por el filósofo austriaco Karl Popper) resurgió recientemente como un argumento empleado con cierta frecuencia por la izquierda en su “lucha contra el fascismo”.

La caricatura en la portada de esta publicación se ha hecho muy popular en los últimos tiempos, pues resume la paradoja correctamente, aunque de manera incompleta.

Decimos que no lo hace de forma completa por el siguiente motivo:

Karl Popper reconocía el peligro y la posibilidad de que los verdaderamente intolerantes se autodenominen tolerantes, con el fin de silenciar a sus rivales y sus ideas (según ellos de forma justificada) mediante la represión o la intimidación.

Como observamos en la actualidad, gente profundamente intolerante procura disuadir a la población de que cualquier conciudadano que no acepte su ideología y programa es un enemigo de la Patria. Lo cierto es que, como se puede evidenciar a lo largo de la historia, el criterio por el cual los intolerantes determinan a sus enemigos se hace cada vez más amplio y, a su vez, el margen de actuación de los disidentes se estrecha.

Tomando todo esto en cuenta, se hace evidente que la caricatura no llega a ilustrar ni a responder una cuestión fundamental para la interpretación de la paradoja:

¿Qué podemos hacer si los verdaderos fascistas y racistas se autodenominan enemigos del fascismo, racismo y de los “vende patria”?

Por lo pronto, luchar por nuestra libertad de expresión, de disidencia frente al Estado y el gobierno.

¿Qué calle yo? ¡Qué se calle su abuelo, carajo!