VERBA VOLANT, SCRIPTA MANENT

Libres en Movimiento

30. Aug. 2021

(Las palabras vuelan, lo escrito queda) El problema de tener un discurso político que se basa en una realidad alterna es que, por mucho que uno intente imponer su "verdad oficial", ésta eventualmente debe contrastarse (e incomodarse) ante la verdad material.

Por ello, aquí les dejamos el "Acuerdo entre la Secretaría General de la O.E.A y el Gobierno (M.A.S) del Estado Plurinacional de Bolivia, relativo al Análisis de Integridad Electoral de las Elecciones Generales del 20 de Octubre del 2019", y, como un bonus, la solicitud de Diego Pary, en su función como Canciller, ante la O.E.A para que se lleve acabo la auditoría. Igualmente, compartimos la respuesta de la O.E.A. a tal requerimiento.
El artículo 2 del acuerdo establece que los Expertos Internacionales tendrían "pleno acceso" a las instalaciones y a la información que considerara relevantes con relación a las elecciones generales.
El artículo 6, por su parte, establece que: "El resultado del informe de auditoría será vinculante para las dos partes".

Ahora bien, el acuerdo expresa (artículo 5) que se entregará un informe como resultado de la auditoría. Es aquí donde el masismo, con el sesgo que le caracteriza, pretende imponer su narrativa. El MAS sostiene lo siguiente: el informe preliminar no estaba contemplado y, al no cumplir con el protocolo establecido en el acuerdo, demuestra la parcialidad tanto la auditoría como del informe preliminar. De la misma manera, reclaman que el análisis debió haberse hecho únicamente al TREP.
Pero ¿es esto cierto?
Por suerte, queda por escrito la respuesta a la solicitud de la Cancillería para realizar la auditoría. En ella la O.E.A establece las siguientes condiciones (ratificadas, de hecho, al firmarse el acuerdo):
"con la finalidad de asegurar la máxima seriedad (...) se entiende que los resultados son vinculantes para las partes actuantes en el proceso (...) a través de la Misión de Observación Electoral, [se realizará] un Análisis de Integridad Electoral que comprenda, entre otros aspectos, la verificación de cómputos, aspectos estadísticos, verificación del proceso y cadena de custodia.

Si nos remontamos a 2019, debemos recordar que la O.E.A emitió una serie de comunicados en esas fechas y que no están siendo objetados por el M.A.S. Porque al M.A.S solo le interesa parte de la verdad. Evo contaba con Almagro para que, en su soberbio entender, le entregue una auditoría favorable.
El problema, por lo tanto, no era el informe preliminar, sino el resultado que este arrojaba. Es por eso que Evo Morales le pidió a Luis Almagro que esperara para publicar su informe: que estarían dispuestos a convocar nuevas elecciones.

En palabras de Francisco Guerrero, secretario ejecutiva para el Fortalecimiento de la Democracia de la OEA: "la exacerbación social producida por por un manejo irresponsable del proceso electoral (...) que se generaron en Bolivia y que no son responsabilidad de los observadores electorales". Es decir, la O.E.A cumplió de buena fé con su labor de "velar por la democracia dentro de los países de la región". La cuestión del fraude era evidente, y fue por ello que la tensión social escaló hasta el punto al que llegó. El informe de la O.E.A brindó luz y evidencias concretas a las bien justificadas sospechas de fraude de los ciudadanos.

El resultado, las conclusiones y el método empleados en la auditoría no son menos ciertos porque haya existido, o no, un informe preliminar. La realidad sigue siendo la que fue y el trabajo de la O.E.A lo deja por escrito y lo desarrolla, a mayor detalle, en el informe final.
Más allá de las ideologías y las posiciones políticas, la prueba material es contundente, los hechos que todos los bolivianos conocemos caen por su propio peso y la realidad que pretende imponer el MAS es sólo una alegoría a sus viejos resabios autoritarios y antidemocráticos.
No podrán con la verdad.
Libres en Movimiento